viernes, 19 de junio de 2015

SOY


Sucede que unos son de agua, otros somos de aceite. Unos tienen sangre liviana, a otros nos corre veneno por las venas. A unos les calienta el sol, a otros nos calienta la luna. Unos son brillantes, otros SOMOS oscuros.

 
 Unos se sienten como perro sin dueño, otros nos sentimos como dueño sin perro. Unos son de palabra, otros somos de notas. Unos llevan una vida de sueños, otros de irrealidades. Unos hacemos berrinche, otros montan un drama. Unos se arrodillan por culpa, otros nos arrodillamos por placer. Unos quieren tener la razón, otros quisiéramos perderla. Unos quieren dar el ancho, otros queremos estar a la altura. Unos cantan victoria, otros guardamos silencio. Unos son gente correcta, otros somos personas equivocadas. Y tal vez ahí, en ese pequeño espacio llamado abismo, hoyo negro u olla al final del arcoíris, que se encuentra entre nosotros, surja la magia y coincidamos.



HE DICHO




De niño a adulto.

Reojearse hacia uno mismo, mirar nuestros escombros, sumergirnos y despojarnos de lo que nos molesta no es un plan que queramos llevar a cabo mientras trabajamos o hacemos ejercicio, tampoco cuando llegamos a casa, y mucho menos los fines de semana. Porque observarse requiere tiempo y reflexión. Y la reflexión duele e incomoda. Es muy duro notar que lo que nos fastidia de afuera, en realidad viene de adentro. Lastima embestir los errores que hemos cometido y los pasos equivocados que hemos dado en momentos inapropiados. Irrita enfrentar al monstruo del pasado, porque aceptar que nuestro presente es nuestra propia consecuencia es una responsabilidad tan grande que no quisiéramos montarla sobre los hombros.

Deshacernos de lo que nos estorba implica mudarse a un lugar más amplio, a una consciencia expandida y así poder lidiar con todo aquello que entorpece nuestra tranquilidad. Para comenzar la búsqueda de un lugar sereno. Donde nuestras elecciones pesen más que nuestra historia. Donde nuestra independencia gobierne más que nuestra infancia. Donde nuestra voluntad sea más enérgica que nuestra apatía.

Ser ADULTO es una promesa que nos hicimos de NIÑOS, pero que no todos cumplimos. Ser adulto significa dejar de depositar culpas en otras personas, adquirir la humildad suficiente para ofrecer una disculpa y para tener bien claro que muchas veces esa disculpa no reparará ningún daño. Ser adulto es saber que ser suficiente muchas veces no alcanza. Porque la vida exige más y algunos se quedan. Se acomodan. Ser adulto, en esencia, es dejar de romper corazones para comenzar a pulirlos.
 
HE DICHO.

miércoles, 17 de junio de 2015

RESPETO

No SEAS pelma, dando mil veces las gracias y pidiendo todo por favor. Házte grande mostrándote. Dándote. Entregándote a la vida sin la necesidad de ser amable. Desházte de las formas y contempla el fondo. Abrevia la vida. Vive más en menos tiempo. No desgastes tus horas en lo que es incapaz de cambiar. Cámbiate. Pruébate. Experimenta con, en y para ti. Regala el resultado. No esperes ni desesperes. Camina hacia donde deseas. Haz tus pausas. Respira. No hables de más y no escuches de menos. Abre los brazos. Acomódate. Olvídate de la pose.

Date los buenos días, las buenas tardes y las buenas noches. Gústate, disgústate, ámate y ódiete. Aprópiate de ti y celebra poseer un cuerpo, una mente y un espíritu. Se más espíritu que cuerpo. Goza. Siente. Se. Envuelve el protocolo en periódico y déjalo reposar hasta que madure. Hasta que no sea protocolo y sean ganas. Olvídate de la civilización y recupera su instinto. Proteje a los tuyos. Abrázalos. Bésalos. Házle saber que la norma de urbanidad más importante radica en no hacer daño. No les cuentes del respeto.



RESPÉTALOS. No les compartas, con esta mi descarga mental y gaiteiril; libéralos.

Repito: SEA. Elimina la etiqueta y disfruta el viaje.

HE DICHO

SOMOS LOBOS

Pues no, dar los buenos días no te hace mejor persona, ni regalarle una moneda al indigente, ni sonreírle amablemente a un desconocido. Tampoco te hace  mejor persona darle la murga al taxista o cederle el asiento al anciano, y no, no te hace mejor persona recoger basura, separarla o reciclarla. Tampoco hacer reír a un niño.



No pretendas ser persona, que la hipocresía es suficiente para condenarte al infierno, que sus llamas son menos calcinantes que la falsedad de tu misericordia. Tu amor al prójimo, más tramposo que la suma de tu farsa. Más agudo que el peor de tus padecimientos. La agonía de seguir vivo es lo que mata, lo que pudre y fermenta.

Cede ante la ética de tu patología, ante la moral de tu enfermedad, del trastorno de despertar. Ante la ceguera que causa la luz del día, ante la furia que nos regala la luna, a la que le aullamos COMO LOBOS violentos, rabiosos, coléricos.
 
 
 

Que nuestros colmillos se hundan en la masa terrestre, desangremos este capricho llamado MUNDO. Vivamos en el temor de permanecer intactos ante la falta de lumbre. Que el deseo nos conduzca al dolor. Para así dejarnos caer en un abismo repleto de bestias hambrientas, dispuestas a devorar nuestra médula. Dispuestas a vomitar nuestros nervios. Nuestra carne. Para escupir sobre nosotros al mismísimo infierno.


HE DICHO.