No pretendas ser persona, que la hipocresía es suficiente para condenarte al infierno, que sus llamas son menos calcinantes que la falsedad de tu misericordia. Tu amor al prójimo, más tramposo que la suma de tu farsa. Más agudo que el peor de tus padecimientos. La agonía de seguir vivo es lo que mata, lo que pudre y fermenta.
Cede ante la ética de tu patología, ante la moral de tu enfermedad, del trastorno de despertar. Ante la ceguera que causa la luz del día, ante la furia que nos regala la luna, a la que le aullamos COMO LOBOS violentos, rabiosos, coléricos.
Que nuestros colmillos se hundan en la masa terrestre, desangremos este capricho llamado MUNDO. Vivamos en el temor de permanecer intactos ante la falta de lumbre. Que el deseo nos conduzca al dolor. Para así dejarnos caer en un abismo repleto de bestias hambrientas, dispuestas a devorar nuestra médula. Dispuestas a vomitar nuestros nervios. Nuestra carne. Para escupir sobre nosotros al mismísimo infierno.
HE DICHO.


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